¿Sabías que... Somos hijos de las estrellas?

Génesis 15:5 

Génesis 22:17

El ADN fue, sin duda, uno de los mayores hallazgos de la ciencia, no ya del siglo XIX, cuando fue aislado por primera vez por Friedrich Miesche en la Universidad de Tubinga, Alemania, sino de toda la historia de la ciencia. Y es que, aunque todavía tendría que pasar más de un siglo y medio hasta que el ser humano fuera capaz de interpretarlo en su totalidad, fue el primero en observar el libro de instrucciones que define a cada forma de vida.

Como ya recordamos al hablar del último gran hito de la investigación del genoma humano, la base nitrogenada de la molécula del ADN puede ser de cuatro tipos, cada uno de ellos identificado con una letra, adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T). En el caso del ARN la composición es parecida, solo que la timina es sustituida por el uracilo, que también es un nucleótido. Así, si tenemos en cuenta ADN y ARN, podemos hablar de cinco bases hidrogenadas: adenina, citosina, guanina, timina y uracilo.

La teoría de que la vida de nuestro planeta tiene su origen en el espacio viene de antiguo. Ahora bien, en este punto es conveniente aclarar que no me refiero a teorías de naves espaciales que vinieron hace decenas de millones de años a traer muestras a la Tierra ni nada por el estilo. Y no, tampoco me refiero a que las pirámides de Egipto sean obra de los extraterrestres, aunque reconozco que me lo pasé como un enano con Stargate, y hasta es probable que la vuelva a ver en breve.

No, hablo de teorías que apuntan a que la base del ADN y, por lo tanto, de la vida tal y como la conocemos, podrían tener su origen en el espacio, y podrían haber llegado a la Tierra como inesperados pasajeros en meteoritos que colisionaron con nuestro planeta. Y hay razones para pensar que es posible, si bien es cierto que, frente a las mismas, todavía hay razones para pensar que no es así, y que el ADN tiene su origen único en la tercera piedra grande desde el Sol.

¿La base del ADN vino a la Tierra desde el espacio?

Y es que, hasta ahora, el análisis de algunos meteoritos caídos en la Tierra hace millones de años reveló restos de adenina, guanina y uracilo, tres de las nucleobases que hemos mencionado antes. Dichos elementos fueron detectados con técnicas clásicas, de alcance limitado. Sin embargo, y según publica Science News, un nuevo método de análisis desarrollado por el geoquímico Yasuhiro Oba de la Universidad de Hokkaido en Sapporo, Japón, habría permitido encontrar también citosina y timina, completando así el repóquer del ADN y el ARN.

Más aún, algunas de las muestras analizadas contendrían las cinco bases hidrogenadas, de modo que si se pudiera confirmar que ya las portaban antes de colisionar con la Tierra, el hallazgo sería muy revelador, pues permitiría sostener, con una base más sólida, que el origen del ADN, y por lo tanto de la vida tal y como la conocemos, tiene su origen en el espacio, y no necesariamente en nuestro planeta.

¿Realmente vienen las bases del ADN del espacio?

Ahora bien, hay un matiz muy, muy importante, y es precisamente el que he planteado al inicio del párrafo anterior, es decir, la necesidad de confirmar que las nucleobases ya se encontraban en las muestras antes de que éstas llegaran a nuestro planeta. Las tres muestras analizadas llegaron a nuestro planeta en los años 1950, 1969 y 2000, por lo que la posibilidad de que los cinco elementos hayan llegado a las mismas cuando ya estaban en la superficie de la Tierra son muy, muy reales. Así, con las muestras actuales, no hay manera de determinar su origen.

¿La base del ADN vino a la Tierra desde el espacio?

¿Significa esto que estamos como al principio? No, ni mucho menos. De momento, el punto más importante es que ya contamos con la tecnología necesaria para poder detectar la presencia de las cinco nucleobases del ADN y el ARN en este tipo de muestras, algo que no era posible hasta que se completó el trabajo de Yasuhiro Oba. Y este avance llega en el momento indicado.

Ahora, claro, lo que necesitamos son muestras de meteoritos que no hayan entrado en contacto con nuestro planeta, y la buena noticia es que, como indicaba antes, este es el momento indicado, ya que en 2020 la misión espacial japonesa Hayabusa extrajo un trozo de roca de la superficie de un asteroide llamado Ryugu y lo trajo a la Tierra, y al tiempo la NASA está desarrollando una misión similar con el asteroide Bennu, cuya muestra se espera que llegue a nuestro planeta en septiembre de 2023.

Si la comunidad científica tiene la posibilidad de analizar dichas muestras con el sistema desarrollado por Oba, y el resultado muestra presencia de adenina, citosina, guanina, timina y uracilo, y por lo tanto de la base del ADN, nos acercaremos más que nunca a aquello de que somos hijos de las estrellas y, aunque esto no nos revele si hay más vida en el universo, sí que nos contará que la base de la vida puebla lleva millones de años recorriéndolo. Y, como nos decía Moby allá por 2002, And no one can stop us now, ‘Cause we are all made of stars.

Desde el punto de vista humano en cada problema que tenemos o la angustia nos invade en nuestro ser; siempre miramos hacia las estrellas; a caso, ¿será una gran concidencia de mirar hacia las estrellas?

Génesis 15:5 Lo llevó fuera, y le dijo: Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas. Y le dijo: Así será tu descendencia.

Génesis 22:17 Te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá                              las puertas de sus enemigos.

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